Europa

Mi segundo viaje a Roma

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Roma es una de las primeras ciudades que visité en mis primeros viajes. La primera vez fue en el 2002, durante una semana, y hace tanto de aquel viaje, que ni siquiera tenía cámara de fotos digital. La segunda ocasión fue dos años más tarde y también por una semana. En realidad, Roma solo puede llegarse a conocer bien tras meses de exploración, ya que es la ciudad con más patrimonio artístico y cultural del mundo, pero aunque no se tenga tanto tiempo disponible, es una visita obligada para todo ser humano. Por ese motivo, en el 2009 decidí volver por tercera vez, para llevar a mis padres a pasar un intenso fin de semana en Roma.

Lo que más me gustó del segundo viaje a la Ciudad Eterna es que lo hicimos en la semana de Ferragosto (la del 15 de agosto), cuando todos los romanos abandonan la ciudad para irse de vacaciones. En esas fechas, la mayoría de los comercios están cerrados y las zonas turísticas como el Coliseo o la piazza de Espagna siguen estando abarrotadas, pero fuera de esos lugares, tienes la capital de Italia casi en exclusiva para ti. Es una auténtica delicia pasear sin rumbo por las calles del centro y acabar comiendo en la pequeña terraza de un restaurante sobre el típico mantel de cuadros rojos y blancos a solas con tu pareja.


Eso no quiere decir que uno se tenga que perder los high-lights de Roma. Mis favoritos de aquel viaje fueron la visita guiada al Coliseo de Roma que contraté antes de ir, lo que hizo que me ahorrara las colas bajo el sol (al contrario que la primera vez). También me pareció imprescindible la visita a los Museos Vaticanos, cuya entrada también recomiendo comprar con antelación parar evitar colas. Además, visitamos el Panteón, mi edificio favorito de Roma, y el foro romano, el castillo de Sant Angelo, el Trastevere, la piazza Navona, el Campo di Fiore…


La primera vez que fui a Roma alquilé un coche para ir a las ruinas de Pompeya en una excursión de un día. En el segundo viaje hice una escapada a la población de Tívoli. A una hora de viaje en transporte público pueden visitarse las villas donde en verano las grandes personalidades romanas escapaban del calor asfixiante de Roma y se relajaban en jardines repletos de fuentes. De hecho, el agua que suministra Roma procede de Tívoli y es tan buena como refrescante. Por eso, beber de las fuentes públicas no solo es una necesidad cuando el calor aprieta, sino todo un placer.

Video: Mi segundo viaje a Roma (Septiembre 2020).

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