Asia

Visitando Pekín: la Ciudad Prohibida, Bei Hai park, Jingshan y el lago Hou Hai

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Hace muchos años, fui a ver una película taiwanesa en versión original: Tigre y dragón. Casi al principio de la película, cuando Yu Shu Lien llega a Pekín a entregar la espada celestial al duque, hay una escena en la que entran en la Ciudad Prohibida y se ve una panorámica impresionante del palacio imperial en su época de máximo esplendor. Y allí, en la butaca del cine, pensé: «algún día tengo que ir». Y por fin, años más tarde, me veía entrando por las puertas de la Ciudad Prohibida, qué sensación. Aunque, en lugar de guardias imperiales, me encontré toda una masa de turistas chinos.

Primer patio de la Ciudad Prohibida

La Ciudad Prohibida es uno de los lugares más emblemáticos de Pekín. Recibe este nombre porque, en realidad, más que un palacio es una ciudad amurallada a la que muy pocos podían acceder, ya que fue residencia de emperadores durante cientos de años, hasta que en 1911 se instauró la República de China. Luego se abrió parcialmente al público en 1925 y en los años sesenta se abrió totalmente. En definitiva, es un museo enorme dividido en patios y palacios.

Una réplica en miniatura de este muro está en Port Aventura

La manera más rápida de llegar a la Ciudad Prohibida es en metro, bajando en la estación de Tian'an men este o Tian'an men oeste (línea 1/roja) y caminar hasta la entrada, donde un retrato de Mao a todo color nos da la bienvenida. Al pasar por debajo, nos encontramos con un gran patio abarrotado de gente haciendo cola para comprar entradas, pero no para la Ciudad Prohibida. Para eso hay que ir al siguiente patio, en el que hay tres puntos de venta con numerosas taquillas, todas ellas con un montón de gente haciendo cola. Parece que en agosto muchos chinos aprovechan las vacaciones para visitar la capital. Justo antes de llegar a la «meridian gate» está la taquilla donde alquilan las audioguías, también disponibles en español. Otra cola superlarga para alquilar la audioguía y, una vez te dan el dispositivo, hay que hacer otra supercola en la ventanilla de al lado para que te den los auriculares y la programen en el idioma deseado. Llegados a ese punto, algo me decía que en la visita no íbamos a estar precisamente solos.

Jardín del Emperador en la Ciudad Prohibida

La Ciudad Prohibida empezó a construirse en el año 1406, durante el periodo de la dinastía Ming, y se terminó catorce años después. El conjunto de palacios ocupa 70 hectáreas y se dice que tiene 9999 estancias, de las cuales, una tercera parte las ocupaban concubinas y eunucos. Puede dividirse en dos partes, los patios del sur que se usaban para la vida pública y los del norte que eran estancias más privadas. Este monumento pekinés está en constante restauración y muchas de las salas no están abiertas al público, pero para recorrerlas mínimamente bien, es necesario dedicarle entre tres y cuatro horas. Lo mejor es ir a primera hora, para encontrarse con menos gentío. Las puertas se abren a las 8.30 y se cierran a las 16.30.

Parque de Bei Hai

Nosotros recorrimos la Ciudad Prohibida durante casi tres horas, pero la tarea se hizo un poco ardua por el calorazo y las riadas de gente que salían de hasta de debajo de las piedras. Por eso, para darnos un poco de respiro, luego fuimos hasta el cercano parque de Bei Hai (北海市). Este fue otra recomendación de un conocido que vive en Pekín y, tras la visita al palacio imperial, es toda una bocanada de aire fresco.

Foto familiar en Bei Hai Park

Para entrar en el parque hay que pagar entrada. Dentro hay un gran estanque en el que se puede alquilar un barquito para pasear por allí. Es todo un pulmón verde justo en el centro de la ciudad. Te puedes encontrar a familias haciéndose fotos ataviados con trajes que imitan a los usados en la época imperial y escuchar a un músico callejero entonar notas con su guitarra. Nosotros aprovechamos para comer, ya que hay un par de restaurantes no muy caros.

Templo en el interior del parque de Bei Hai

Tras comer y pasear un rato por el parque de Bei Hai, fuimos andando a otro parque situado en la colina del carbón, o Jingshan (景山). Nos habían recomendado visitarlo porque desde su punto más alto hay unas vistas excelentes de la Ciudad Prohibida. Nada más entrar, nos sorprendió encontrarnos una exposición de dinosaurios animados. Caminando entre diplodocus y triceratops, acabamos llegando hasta lo alto de la colina del carbón y, tal y como nos dijeron, las vistas desde allí de la Ciudad Prohibida son alucinantes. Desde allá arriba uno puede darse cuenta de las enormes dimensiones del complejo.

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