África

Visita al Fish River Canyon y regreso a Ciudad del Cabo

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Un nuevo relato del viaje a Namibia que hicimos por libre en agosto de 2016. Esa jornada fue la última que pasamos en Namibia. Por la mañana hicimos una visita al Fish River Canyon y luego conducimos largas horas hasta pasar la frontera a Sudáfrica y llegar a Ciudad del Cabo.

Empezamos el día con un desayuno a las siete de la mañana, que estaba incluido en el precio de la habitación. El plan era ver el impresionante Fish River Canyon y emprender el regreso a Ciudad del Cabo. Una tarea titánica en cuanto a kilómetros y horas, pero pensamos que sería mejor afrontarla después de haber dormido y comido bien.

Antes de pasar por el desayuno llenamos el depósito en la gasolinera del resort (400$). Desayunamos unas tortillas al gusto preparadas allí mismo por el cocinero y a las siete media ya estábamos en el coche poniendo rumbo al Fish River Canyon.

Desde el Ai-Ais Resort al Fish River Canyon hay una hora y media aproximadamente. Hay que tomar la carretera C37 cuyo desvío está a unos 20 kilómetros del hotel. La carretera está en bastante buen estado y es sencillo recorrerla a 70km/h. Por el camino encontramos un coche de los años cuarenta abandonado en medio del paraje y paramos para tomar algunas fotos.

Poco a poco nos íbamos acercando al cañón y su silueta se empezaba a divisar a lo lejos. A las 8:45h llegamos a Hobas, campamento de la NWR y base para explorar el cañón. Las tasas de entrada fueron 80$ por persona más 10$ por el coche. Pensábamos que nos darían un mapa con los miradores del cañón, pero no. En el mostrador había un mapa dibujado pero descolorido por el tiempo a pesar de estar plastificado. Hicimos una foto para saber qué miradores podíamos visitar.

Desde Hobas al mirador principal hay 10 km por una carretera que está en buen estado, aunque no se puede ir a más de 60 km/h. Al llegar al mirador quedamos totalmente alucinados. El cañón es una pasada de espectacular. No supera al Grand Canyon pero se le parece bastante.

Una vez superada la sorpresa inicial, uno se pregunta por qué este lugar no es uno de los principales atractivos turísticos de Namibia, porque merece serlo. Desde el mirador principal pueden verse bien dos meandros muy sinuosos del río Fish y más allá se entrevén los surcos gigantescos que va formando hasta llegar al hotel de Ai-Ais.

Recorrer el río es una excursión muy exigente de 5 días de duración para la cual hay que estar muy bien preparado. Tanto es así, que si consigues llegar al final te dan un certificado y todo. Por otro lado, esa es la única manera de llegar a ver las pinturas rupestres de la cueva Apollo 11. Estas son de mediados de la Edad de Piedra y representan varios animales, algunos con rasgos humanos.

Curiosamente, cazadores actuales del pueblo san del Kalahari son capaces de interpretar estos símbolos todavía, 28000 años después de su creación. Finalmente, pese a que el paisaje también sorprende por la aparente falta de vegetación, esta región tiene una flora y una fauna muy curiosas, como un árbol llamado trompa de elefante y unos escorpiones negros bastante grandotes que, curiosamente, emiten fluorescencias cuando se les enfoca con luz ultravioleta. Todo esto lo aprendimos en unos carteles informativos que hay en el mirador principal.

Allí estuvimos un rato contemplando la inmensidad. Como en el Gran Cañón, estar ahí al borde del precipicio te emociona y te hace sentir insignificante a la vez, geológicamente hablando. Luego intentamos ir con el coche hasta el Hiker's point, otro mirador que está a solo 2,5km, pero vimos que todo el suelo de esa parte de la carretera estaba cubierto de piedras bastante puntiagudas, así que dimos marcha atrás y nos limitamos a caminar un tramo en esa dirección. Al ver las piedras entendimos por qué había una pareja que estaba cambiando la rueda pinchada de su Volkswagen Polo.

Video: BMW F800 GS, Adventure in to the Fish River (Septiembre 2020).

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