América

Segundo viaje a Nueva York: Últimas compras en Manhattan y Long Island City

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Suele decirse que cuando uno se lo pasa bien el tiempo vuela y, en el caso de viajar, pasa lo mismo. Te pasas meses esperando que llegue la fecha señalada y luego sin apenas darte cuenta ya es hora de volver a casa. Esa era nuestra última mañana en la ciudad, ya que nuestro vuelo salía por la tarde. Para esa mañana decidimos levantarnos prontito e ir hacer unas compras «perecederas» de última hora.

El Village a primera hora de la mañana

Como la noche anterior nos quedamos con las ganas de pasar más tiempo en el Village, decidimos ir a comprar los cupcakes y las cookies a la Magnolia Bakery que está allí y así aprovechar para ver mejor la zona. El chasco fue que cuando llegamos a la Magnolia Bakery, famosa por sus cupcakes y por haber salido en la serie Sexo en Nueva York, vimos que estaba cerrada por reformas. Igualmente, a las 9 de la mañana de un viernes, en el Greenwich Village no hay mucha actividad que se diga, así que decidimos desayunar en la zona y luego ir hacia el Upper East Side a hacer las compras.

Entrada al Le pain quotidien, también traducido como el dolor «quotidiano», por lo caro que era

Y el interior de la panadería. El primo pijo del Buenas migas.

Después de una semana comiendo fritos y huevos, nuestros estómagos reclamaban un poco de comida sana y, mientras íbamos hacia el metro, vimos una especie de panadería-cafetería francesa que tenía pan «bueno» y decidimos entrar a ver si podíamos desayunar algo más o menos sano. La chica nos trajo la carta de desayunos y al final pedimos queso cheddar y jamón de «París» con una rebanada de pan parecido al pan de payés. Pero cuando le pedí si podía tostar el pan, va y nos suelta:

―Nuestro pan es elaborado cada mañana y no se sirve tostado.

La frase en sí no es que tenga nada de malo, lo que me mosqueó soberanamente fue el tonillo mezcla de sabionda y de snob que me dio una rabia que te mueres. Me quedé mirando a la camarera con ganas de decirle:

―Mira bonita, de pan «bueno» yo como cada día, así que no me vengas de experta en panes.

En lugar de eso, me mordí la lengua y le pedí que me trajera, ante su asombro, aceite de oliva en lugar de mantequilla. Vale, que ya sé que no estoy en mi país y que debo de ser más comprensible con las costumbre ajenas, cosa que siempre hago. Pero es que no puedo soportar a los camareros de sitios «guays», que te tratan con desprecio por el simple hecho de no entrar con un abrigo de pieles…

Hay que decir que el jamón de París estaba bueno, que el pan estaba pasable y que el aceite de oliva de Túnez tenía gusto a aceite de girasol. Por el desayuno «sano» pagamos 15$ por barba. Y es que comer basura en EE.UU. es muy asequible, pero comer comida en condiciones hace que el presupuesto se dispare.

Interior de la Levain Bakery

Una vez desayunadas, fuimos en metro hasta Amsterdam Av. con la 74 para comprar cookies en la Levain Bakery. Las galletas de esta panadería son consideradas unas de las mejores de la ciudad y la verdad es que están muy buenas. Las galletas son del tamaño de un puño y tienen de cuatro sabores y, por supuesto, compré una caja con todos los tipos.

Ya tenía la primera compra «perecedera» del día, así que fuimos caminando hasta la calle 69 para comprar la segunda. Por suerte, la Magnolia Bakery tiene una sucursal también en el Upper East Side y allí compré cupcakes y más cookies para llevar. Los cupcakes están muy buenos, pero tengo que recomendar mejor los de la Two little Red Hens.

Magnolia Bakery

Con las compras hechas, bajamos caminando hasta Columbus Circle y entramos en la Williams-Sonoma, tienda-boutique especializada en objetos de cocina y paraíso de las amantes a la cocina. Todo súperbien puesto y vendían de todo, desde Kitchenaids (lástima que ocuparan una maleta entera y que valieran 500$), ollas, moldes, etc. Al final compré masa para hacer galletas de vainilla y azúcar rosa para decorarlas.

El PS1 del MoMA en Long Island City

Con las manos llenas de bolsas decidimos ir a casa de Orestes para dejar las compras y dar una vuelta por Long Island City. Al lado de casa de Orestes está el PS1 del MoMA que es el centro contemporáneo de arte, y también el 5pointz, que es un antiguo almacén que se ha convertido en un espacio al aire libre donde grafiteros hacen sus obras y está considerado como una de las mecas del grafitti. Fuimos allí para dar una vuelta y disfrutar con las obras de arte que allí había. Finalmente, y para despedirnos de la ciudad, subimos andando hasta el Promenade de Long Island City y allí nos despedimos de Manhattan hasta la próxima.

Al volver a recoger las maletas, estuvimos conversando un rato con Orestes, que es encantador. Teníamos el dinero un poco justo y sufríamos porque no sabíamos si nos iba a llegar para el taxi hasta JFK, ya que desde Long Island van con taxímetro. No es que fuera un gran problema, porque en los taxis se puede pagar con tarjeta de crédito. Pero Orestes nos llamó a una compañía de chóferes que nos llevaba al aeropuerto por 35$. ¡Perfecto! Porque solo nos quedaban 40$ en efectivo.

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