África

Moremi Gorge y safari nocturno en el Khama Rhino Sanctuary

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Serowe es conocida por ser la cuna del jefe Khama III y alberga un museo, el Khama III Memorial Museum, donde podemos conocer su historia, así como el cementerio real, donde está enterrado. Fue el rey de la tribu más importante de la zona antes de la llegada de las colonias europeas y accedió a convertir sus tierras en un protectorado del Reino Unido para defenderse de los bóers y de otras tribus. Más tarde, en 1966, cuando el país logró la independencia, su nieto fue el primer presidente de la República de Botsuana. Sin embargo, esa mañana decidimos ir hasta la cercana población de Palapye para visitar la oficina de turismo y ver qué otras opciones teníamos por la zona.

Nos costó un poco encontrar el emplazamiento exacto de la oficina de turismo, ya que en Botsuana (fuera de las grandes ciudades) apenas hay calles con nombre y la mayoría de establecimientos se alinean a lo largo de las carreteras. Sabíamos que la oficina estaba en algún punto de la carretera principal que une Francistown y Gaborone, así que, tras dar varias vueltas, encontramos la pequeña sucursal que la oficina de turismo de Botsuana tiene en Palapye (justo al lado del Wimpy, antes de cruzar la vía de ferrocarril).

Largo camino hasta la garganta de Moremi

Como los viajeros que viajan por libre en este país aún son pocos, las oficinas de turismo no tienen tantos recursos destinados a ellos, pero la chica que nos atendió nos propuso dos planes para esa mañana: visitar Old Palapye (las ruinas del primer asentamiento en Botsuana) o la Moremi Gorge. En una pared de la oficina había una pintura grande de una preciosa cascada de la garganta de Moremi, así que decidimos ir a visitarla. La chica de la oficina de turismo nos comentó que si había llovido no era posible acceder sin un 4×4, ya que los últimos kilómetros eran pistas de tierra. Como no teníamos forma de saber si había llovido o no en esa zona, decidimos ir y probar suerte.

El GPS no encontraba la pequeña población de Moremi, pero seguimos las indicaciones que nos habían dado y, al salir de Palapye en dirección a Francistown, ya vimos que estaba bien señalado. Tardamos casi cuarenta minutos en llegar al pueblecito de Moremi y allí terminaba la carretera asfaltada. Todavía quedaban siete kilómetros hasta la entrada de la garganta, pero ¿qué dirección debíamos tomar? Unos metros antes del final de la carretera, en un cruce de caminos, había un cartel que indicaba la dirección, pero estaba situado de manera tan estratégica que no nos quedaba claro en qué dirección debíamos ir, ¿derecha? ¿izquierda? ¿Seguir hasta el final del camino? En la oficina de turismo nos habían dicho que preguntáramos en la kgotla, que es el punto donde se puede encontrar al jefe de cada pueblo botsuano. Pero mientras dudábamos, se acercó un señor que llevaba un rato contemplando nuestra indecisión desde la puerta de su casa y nos comentó que, si queríamos, se subía con nosotros en el coche y nos enseñaba cómo llegar.

Esta es la habitación del chalet para dos en Moremi

Por suerte, esa noche no había llovido y se podía conducir con relativa facilidad por el camino arenoso. Cuando ya estábamos encaminados, el señor nos dijo que ya se bajaba para volver andando a su casa y, tras una gratificación por las molestias, seguimos conduciendo hasta la entrada de la garganta de Moremi.

Quizás porque aún tenía presente muchos aspectos del viaje a Uganda, me sorprendieron las instalaciones que tenían en Moremi Gorge. Consistían en una entrada nueva, donde pagar la entrada, con unos baños diseñados y decorados con muy buen gusto. La entrada para visitar la Moremi Gorge cuesta 56 pulas por persona y se visitan las diferentes cascadas de la garganta acompañados de un guía. Al pagar, la taquillera nos preguntó si queríamos pagar también por el coche para ir hasta la zona de picnic sobre ruedas y desde allí caminar hasta la garganta. Cuando le pregunté a qué distancia estaba, entendí que eran unos 3,5 kilómetros, pero parece ser que a esas horas del día tenía la cabeza frita porque entendí que todo el camino desde la taquilla hasta las gargantas y volver era un total de 3,5 kilómetros. Y pensé, con lo que llevamos en coche, que no era una distancia muy larga, y que nos vendría bien caminar un poco. Por eso, a pesar de las reticencias del guía y de que era pleno mediodía y caía un sol de justicia, emprendimos las marcha armados únicamente con una botella de agua de litro y medio.

Baobab centenario

El paisaje de la zona es bastante desértico y tienes la sensación de estar caminando por la playa. El mes de noviembre es el más caluroso en Botsuana y ese día debíamos estar a unos 38 grados. Al principio, todo iba muy bien porque, a pesar caminar sobre la arena, el terreno es bastante llano. Por el camino, el guía nos fue indicando algunos puntos de interés, como la tumba de un antiguo jefe del pueblo o la roca donde antaño solían afilarse los cuchillos y las lanzas. También pasamos por la zona de acampada, que está muy bien equipada con agua corriente y mobiliario para hacer barbacoas. Además, más adelante vimos unos chalés muy nuevos y bien equipados que por dentro parecen hoteles de cuatro estrellas que están gestionados por la comunidad de Moremi. Es sorprendente porque el paisaje que los rodea es un valle poco profundo muy salvaje y se tiene la sensación de estar un poco en el fin del mundo. Se respiraba una paz aplastante. Si hubiéramos sabido que existían estos chalés, sin duda nos habríamos alojado allí (es preferible acercarse en coche).

La segunda cascada de Moremi

A partir de allí el trayecto se hizo bastante penoso, porque me empezó a afectar el cansancio y el calor. Llevábamos una hora caminando y fue en ese punto cuando me di cuenta de que en realidad el sendero se alargaba durante 10 kilómetros. Por suerte, cuando por fin llegamos a la entrada de la garganta, junto a un enorme baobab, pudimos descansar en una zona preparada con bancos cubiertos con toldos, donde soplaba un aire muy refrescante. Y cuando empezamos a adentrarnos en la garganta propiamente dicha, la orografía empezó a cambiar por completo. Deys, el guía, nos contó que la garganta siempre ha sido sagrada para los habitantes de Moremi porque según la leyenda, es donde habitan las almas de los antepasados. Pronto entendimos por qué los espíritus de los ancestros se acomodan en aquel estrecho desfiladero.

Video: Río Perdido por Bea Trincado (Septiembre 2020).

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